miércoles, 8 de abril de 2009

PAYASOS II


Los payasos no saben reir, cantó alguna vez Litto Nebbia, y cuanta razón tenía, pero si saben hacer reir, ellos conocen la llave de nuestros corazones y entre cachetazos, ironías, ridiculeces y tropiezos, grandes y pequeños nos reimos. Todos sabemos como son, todos conocemos su narices rojas y redondas, sus caras blancas, sus ojos remarcados de negros sus cahetes circulares rojos bien rojos, zapatos exageradamente grandes, pantalones y camisas coloridad y cinco talles mas. Voces aflautadas y cascadas. Pero cuando se van quedan detras estelas negras de fantasmas doloridos, descuidados por años que de tanto estar allí ya no se rien ni siquiera de la pobreza de los payasos.
Hoy en los circos o en espectáculos cirquences, no se permite el mostrar o hacer actuar a los animales por razones de humanidad, me pregunto ¿no podría hacerce lo mismo con los payasos, no dejarlos actuar por razones de animalidad?
Yo que ya no estoy, que solo recorro los viejos circos para no caminar el camino de nunca regresar, los escucho entre las sombras como lloran sus tristezas, que no son como las tristezas de los hombres comunes, ellos sufren porque tienen como oficio hacer reir, y no reirse, pobres seres fabricantes de sonrisas que no saben que yo soy la tristeza que los agobia y empobrece.

AVENTURAS EN LAS ALTURAS


Se levanto pesadamente, el sillón era muy pero muy cómodo, con fastidio se dió vuelta y me miró fijo a los ojos. La primera reacción fue cerrarlos, la segunda fue abrirlos la tercera fue levantar los brazos, no sé algo me decía que que ese día iba a tener que poner en acción los reflejos.

Bajó la vista, se metió la mano en los bolsillos, resopló, chisto los labios, ese famoso beso al diablo que tantas veces al día repetía mi abuela como letanía. Que hacerme, cuál castigo me cabía, como manejar a un niño de 10 años que en medio de una ciudad debía desarrollar, toda una actividad, cuyo patio era la calle y sus árboles las terrazas de decenas de edificios que poblaban una manzana en donde día a día, hora a hora era abarrotada de personas, autos, colectivos y cables.

Los atalayas, las casitas sobre las ramas, las cuevas, los refugios eran tendederos, tanques gigantes de agua, claraboyas, terrazas y la flora y la fauna las ventanas en donde mujeres mayores, jovenes hermosas y tipos peludos se cambiaban, amaban, bañaban confiados de su intimidad sin sentir a la distancia que cuatro, seis u ocho, según la ocasión observaban cada uno de los movimientos.

Así pasaron los meses. De a poco una terraza, un pozo de ventilación otra terraza, desebrochar la ropa y dejarla volar, mudar de un edificio a otros las preciosas masetas con geranios, gladiolos y otras flores que ni me acuerdo. Abrir las canillas de los pilotones de lavar y dejar abiertos los gallineros en altura que uno u otro habitante tenía como simbolo de que estrañaba su pueblo rural.

Los dias así pasaban, los sábados y domingos sobre todos eran nuestros, la calle vacía era el estadio de futbol, la pista de carreras y de tocar el timbre y correr.

Pero tanta felicidad no podía durar, las ciudades no estan hechas para chicos con inquietudes de aventura.

El presagio surgió el día que quisimos entrar a la Iglesia de La Merced, por una puerta lateral que ya habíamos visto que siempre estaba abierta. Nos pusimos la ropa de ir a misa, como si diseñar una travesura asi vestidos nos diera mayor seriedad. Llegamos, saltamos la tapia y de a uno entramos por la endija que dejaba la puerta entreabierta. El resplandor del afuera en la oscuridad del adentro, nos cegó por un buen tiempo, caminamos a tientas y cuando al final de lo que parecia un pasillo vimos una hendija con luz, hacia allí fuimos como si ese fuera el final del arco iris con su olla de monedas de oro. Abrimos con fuerza la puerta pensando que por su tamaño era mas pesada, pero los padres se ve que hacian sus tareas se abrió fácil y abruptamente, cayendo los cuatro al medio de la habitación y entre el susto nuestro y el susto de los que estaban alli alcanzamos a ver al padre Federico y a una señora muy bien pintada con solo la cadenita con la cruz y un collar de perlas como toda ropa. Nuestros cuerpos demostraron, sin que nunca lo supieramos, la teoria de Einsenten: la velocidad de la luz. Siete minutos despues ya estabamos cada uno en nuestras casas, en mi caso acostado y tapado hasta la cabeza, sin poder pronunciar palabra.

Varios días después cuando el peligro daba muestras de que había pasado, volvimos a las andadas, pero esta vez nos resignamos a las aventuras ya conocidas, las terrazas y patios de los edificos y casas circundantes.

Con el mismo artilugio le robamos la llave de la terraza a mi abuela y partimos como buenos Boy Scout a realizar la mala acción del día. Cruzamos de un techo a otros, subimos una esclera de hierro, nos bajamos por una caño del tanque y caminando por el filo de una tapia que daba a la calle llegamos a la inmensa claraboya que permitía iluminar de dia a una de las zapatarías más grande de la la ciudad. Estar ahi siempre nos causaba excitación, nadie nos veía y nosotros veiamos de todo, escotes, pies y alguna que otra mujer que utilizaba unos cambiadores para observar como quedaban los zapatos con sus vestidos nuevos, asi que para esa época ya eramos expertos en enaguas, culottes y corpiños.

Ese sábado se nos había unido el gordo Jorge, que de tan pecoso parecía que lo hubieran escupido con barro, la última vez nos habia prestado la pelota recien comprada asi que merecía un viaje al mundo de los cielos con nosotros.

La mañana pasaba fantasticamente, el día era soleado y típico de otoño, la clientela era mucha y nuestra diversion igual. hasta que al gordo Jorge le dieron ganas de mear, se incorporo y sin ningún tapujo se puso a orina en contra del viento, todo su orín nos empezó a salpicar, asqueado uno de nosotros le pego mal a Jorge que trastabillos y se cayó sobre la malla metalica que cubria del granizo a la claraboya, su peso, el mio y del tercero que estaba alli fue demasiado para la malla y para el vidrio. Nosotros, los fragmentos de vidrio y la malla caimos todos juntos sobre las personas que muy tranquilas estaban probandose zapatos en los sillosnes y en los probadores.

Fue apocalípticos, los ruidos, los gritos y el sonido del corazón de cada uno de nosotros, nos aturdió.

Algunos escaparon, otros cayeron bajos las garras de los empleados y dueño del lugar. La policía que en esa época no conocía de los derechos del ñino, y no se si había, obligo a confesar a los atrapados quienes eramos lo complices.

Mi madre con las manos en los bolsillos no sabia que castigo aplicarme.

Esa mañana de invierno partí en el auto de mi tío con una balijita pequeña a una escuela de curas en calidad de interno, pero esa es otra historia.

NOTA: LOS HECHOS ACA MENCIONADOS SON SACADOS DE LA REALIDAD ESTAN CAMBIADOS LOS LUGARES Y LA CRONOLOGIA DE LOS HECHOS
PD: Esta entrada al blog fue escrito de una sola vez, y sino hubo correccion es porque mi mujer esta ocupada viendo un programa de TV y yo aprovecho para escribir como quiero

lunes, 6 de abril de 2009

EL SEÑOR DE LA RESPUESTAS, segundita


Cobil, corrió hacia mi lugar, se acuclilló frente al fuego de mi madre; tomó una de sus flechas, dibujó dos líneas paralelas en el piso y me pidió que invocara al espíritu de los animales para que tuviéramos buena caza.


Yo, Calancachicat, hijo del que habla con los dioses, y hablador con ellos también, tomé mi bolsita de piedras, mis plumas de pájaros, las raíces, mi jarrito y mi amuleto: la imagen de mi padre modelada en barro. Me dirigí hacia lo alto, de espalda al Padre Sol, para que mi sombra se proyectara hacia adelante en busca del líder de los animales e informarle del mensaje de Cobil.

Supe, aunque no me di vuelta, que Cobil con su mirada me acompañó todo el trayecto, hasta que el bosque me abrazó y cubrió mi imagen.

Dos épocas atrás había realizado esta ceremonia, ya no temblaba mi pecho, ni mis palabras se escondían en mi boca para no salir. Me senté con las piernas cruzadas en una piedra, clavé en el suelo la imagen de mi padre, distribuí a su alrededor las plumas; en una mano puse mi piedra sagrada, transparente como el agua, y en la otra una figurita en barro de un guanaco, símbolo del líder de los animales. Así oré durante horas. Cuando el Padre Sol cedió su lugar a la Madre Luna, junté algunos leños, encendí el fuego y preparé una bebida con las raíces.

El sueño me invadió, preparé mi mente para viajar, fue un viaje extraño, pues mi espíritu no vio los animales de siempre, alcanzó a distinguir algunos, semejantes a los guanacos, cubiertos con mantas y pegado a su lomo una figura casi humana, que brillaba y vociferaba extraños sonidos. Creo que tuve miedo y no me animé a acercarme mas, no quise ver los ojos de estos seres, volví desesperado hacia mi cuerpo y retorné a mi hogar.

El Anciano Cacique me llamó a su casa, fui temeroso, pero seguro. Yo Calancachicat era el hablador de los dioses.

Su figura serena, ubicada en el rincón mas oscuro de la casa, habló pausadamente, sin la firmeza de otras veces, pero con claridad. Primero, me indicó que debería acompañar a Cobil en su viaje en busca de alimentos y que aunque fuera extraño que solamente dos realizáramos el camino, el Consejo de Ancianos y Caciques había decidido sacrificar la cantidad de comida por la seguridad de la aldea. Segundo, me relató las noticias que había traído el hermano del marido de su hija, que viajaba desde las tierras altas. El a lo lejos había divisado un humo en un lugar que no había pueblos, curioso se acercó por el río y encontró a unos hombres de color blanco, que se sacaban unos trajes que brillaban, dejándolo casi ciego cuando los ponían contra el sol, y que a su alrededor caminaban unos seres de cuatro patas, robustos, que resoplaban. Su asombro fue tal, que se quedó mirando atónito por varias horas; estos preparaban fuego, casi como nosotros, pero la comida la consiguieron de una manera extraña y terrible: dos de ellos caminando sobre sus dos patas y llevando en las delanteras un palo largo, se acercaron a los animales que tomaban agua junto al gran charco, allí se pusieron en cuatro patas y sorpresivamente se elevaron, llevaron el palo cerca de su cara y con gran estruendo salió fuego de su punta, una nube los envolvió, los animales huyeron despavoridos, al igual que los pájaros que descansaban en los árboles, pero uno de los guanacos quedó muerto, junto al gran charco. Durante la noche Talosnavan se acercó al lugar donde cayó el animal y vió su sangre desparramada tiñendo la piedra.

El Anciano quería que yo cuidara de Cobil con mi magia, él sabía que la aldea podía ser defendida de cualquier peligro, varias veces los "otros" quisieron atacar. Si bien estos seres, según los cuentos, eran extraños, los luchadores podrían defender los campos.

De pronto, Cobil alzó su mano, yo, que aunque ensimismado, estaba atento, me detuve bruscamente y me agaché en la inmensidad de la tierra, apreté fuertemente mi piedra sagrada, mi deseo ferviente era terminar rápido con este agotador viaje, nunca me había alejado tanto de la aldea y entre mi sueño y el cuento de Talosnavan mi espíritu viajero estaba inquieto, añoré, por un segundo el parloteo de las mujeres durante la cosecha y los pleitos que debía solucionar entre las familias.

PAYASO


Cuando volvimos de la ronda, me di cuenta que había matado al payaso. Allí sobre su sillón, quedó pasmado, con su sonrisa pintada
Su nariz redonda y roja, sus zapatones ridículos y su peluca colorida.
Porqué lo matamos, y no le disparamos, ni lo golpeamos, sólo nos
sentamos con él a charlar, mates de por medio, minutos antes de salir al escenario. El teatro estaba lleno de niños, que esperaban su actuación.
Porque digo que lo matamos, porque digo que después de la ronda
Porque ese es mi trabajo salir de ronda y matar payasos, sin violencia
Sin razón alguna, yo existo, y aparezco de la nada, aunque me gesto
en cada día en todas las personas, a algunas, le soy indiferente, otras
me aprovechan, pero otras se destruyen y me buscan ingeniosamente
para morir. Sin embargo, en este caso fue muriendo de a poco, lentamente, perdiendo segundo a segundo la alegría, se fue vaciando
y cuando ya no quedaba nada, me miró profundo con sus ojos de chiste y me increpó sin fuerza, ay tristeza, ¿porqué me llevas?

jueves, 2 de abril de 2009

EL SEÑOR DE LAS RESPUESTAS (se va la primera)


Terminar el día, a veces, no es una satisfacción. Una pesadumbre, una opresión en el pecho obligan a mirar en profundidad hacia el horizonte, buscando respuestas, sin saber si realmente se quieren encontrar esas respuestas, el sentir una pérdida, el no tener con quien hablar y la monotonía del silencio de la inmensidad, que perturba mas que el excesivo murmullo de la aldea, nos indican el camino del Señor de las Respuestas.

Tantas ocasiones tuve para aprender el uso de las armas y tantas ocasiones deseché en favor del aprendizaje de la magia, arma que según yo, era mas poderosa. Y así, los días transcurrieron, uno detrás del otro, continuos como el torrente del río, extensos, misteriosos, esperando un nuevo gesto, una nueva señal que nos indicara la lección de lo que el futuro nos depararía.

La mañana, clara y brillante, como el reflejo del sol sobre la mica, nos encontró acurrucados entre pieles, paredes de piedra, nuestros enseres y el fuego languideciente de algunas horas sin alimentarlo. Eran los últimos días que nos quedaban para conseguir comida antes que el viento helado y la sequía entrasen aplacando al Padre Sol, fenómeno que rigurosamente sucedía para esta época.

Nos levantamos rápidamente, apagamos el fuego, recogimos nuestras cosas y caminamos a paso regular, pero firme, en dirección al Padre Sol. Uno por detrás del otro, callados; él mirando hacia adelante, atento, yo mirando sin ver, inmerso en mis recuerdos y en los recuerdos del Anciano de la aldea. Algo iba a suceder, ya eran cuatro apariciones del padre sol que caminábamos por las tierras conocidas y si al terminar esta jornada no encontrábamos ningún animal, tendríamos, necesariamente, que cruzar a las tierras de los "otros" a riesgo de morir; pero que alternativa teníamos o morir ahora o morir de hambre en el futuro. Algo debía suceder, mi corazón me lo decía, yo había realizado todos mis pases correctamente.

Cobil, mi compañero, había comentado anoche que el Señor de los Animales seguramente estaba ofendido con nuestra aldea, ya que venir en su búsqueda, solamente dos, era un atrevimiento, siempre los varones mas jóvenes habían salido a la tierra en busca del alimento, antes del frío y la sequedad ,seguramente, su espíritu, molesto, arrió todos los animales en nuestro camino.

Cobil era un cazador, un luchador, y su boca hablaba por lo que había aprendido en los días que salía con los demás, conocía a la perfección las costumbres y los lugares en donde los animales para esta época se encontraban , él, confiado, aceptó el encargo de los ancianos, cuando dijeron: que solamente los dos debíamos procurar el alimento.

GRAN AVISO GRAN


A PREPARASE, SI ESTEN ATENTOS Y PRESTOS


Después de larga espera, un verano y su bonus track completo los fanáticos de la radio y de determinados programas, podemos este sábado 4 de abril de 2009 volver a disfrutar de la voz, el talento, la dulzura y el conocimiento de la Sra. Susana Curto y sus amigos en el programa "No vaya a ser cosa", sera desde las 10 de la mañana hasta las 12 en punto, dos horas como si usted estuviera en la mesa de sus casa tomando mate, cafe, te o lo que quiera y conversara con amigos de diferentes temas, escuchara música.

Es un programa para no perderse, recomendarlo y fundamentalmente escucharlo y participar, verán que como yo se enamoraran, sin pensar mal ehh.

Ademas para los que no están acá en esta provincia pueden hacerlo a traves de http://www.am580.com.ar/, y si no es asi escriban en google radio universidad de cordoba o srt el multimedia y les da la dirección

ANIMANDOME


Me he tomado un pequeño receso, como para acomodar mi estantería, llena de ideas, desordenadas, rebeldes, sin impulso vital, sin independencia, necesitadas de un envión y a veces de un avión para que despeguen. No se esto 15 últimos días es como si un aluvión de malas noticias me hubieran arrasado, en lo personal, en lo vital, en lo mundial, tuve varias veces ese Deja Vú, que me viene persiguiendo, que de pronto sin avisar me invade y me traslada a una dimensión diferente, tangible, y que me da un poco de miedito, porque revivo sensaciones, imagenes, sabores, incluso sin digerir comidas, sino los sabores que uno tiene en la boca, en la lengua, en la garganta, en determinadas situaciones, es un tiempo y un espacio que no me pertenece, pero los que estaban a mi lado están alli y ellos conversan de lo mismo que estaban conversando, pero yo percibo algo distinto, comprendo otras cosas.

Bien pensando en todo esto, viviendo todo esto, culpable porque no cumplo con lo prometido, escribir seguido, me propuse encontrar una solución a esta meseta que estoy caminando.



Fue allí en este pensamiento que encontré prolijamente guardado una serie de relatos que fui escribiendo y que quedaron allí en el arcón virtual de los recuerdos. Por lo tanto de a poco, fragmentadamente iré colocando cada uno de estos aprendices de literatura menor.



Por supuesto, y conociendo mi funcionamiento, lo voy a ir matizando con nuevas cosas que irán surgiendo. Entonces a no desesperar.