martes, 28 de junio de 2011

CON FURIA


2011, a 201 años en que la revolución de Argentina, se concretó, los que saben y los que intuyen, saben que pasaron muchas, pero muchas cosas, pero lo que nadie quiere recordar, incluso muchos historiadores es que en estos 201 años hubo muchas, muchas, pero muchas muertes y todas, todas fueron en vano, no solo porque la muerte en si es en vano cuando no ocurre en tiempo natural, vejes o enfermedad, pero no violentamente, pero no por hambre o torturas, CUALQUIER MUERTE ES EN VANO.
Y eso fue lo que nos ha costado a los argentinos, muchas pero muchas muertes en VANO.
Lo peor es que hoy 201 años después siguen existiendo muertes, y mas muertes por nada.
Leo, y miro como algunos poderosos, por la simple cobardía, y mediocridad de no soportar perder un pocos pesos (porque ese es el tema, tener cada vez mas dinero para poder tener poder) mientan, y mientan, y no sean capaces de ganar por sus propios logros.
Hoy es de verdad un día de FURIA, y para aquellos que todavía quieren vivir en la Edad Media deberán saber que nuestra nación y gracias a muchos argentinos que piensan con el cerebro y no con el bolsillo permitieron, luchando, votando la ley que se pueda tener la posibilidad de que personas que nacieron hombres y decidieron ser mujeres puedan tener DNI con el género elegido o viceversa. Y que eso haya permitido que se casen LEGALMENTE. Mala suerte Dinosaurios, ya lo decía Charlie.
Pero la FURIA, no decae, ya que por 12 estúpidos que corren detrás de una pelotita, jugando y por supuesto ganan millones de pesos, una ciudad como Buenos Aires haya estado en manos de los Bárbaros, si esa debe haber sido la sensación que tenían las villas de agricultores en la Edad Media en que las hordas de Bárbaros diezmaban los pueblos enteros por el solo hecho de demostrar eso que eran barbaros, lo mismo que incentivan hoy los poderosos enemigos de todo menos de su bolsillo, y aquellos que son funcionales porque viven de la basura que tiran. (lease los nombres que quieran)
2011, y todavía seguimos siendo bárbaros. Pero tenemos esperanza porque existen muchos que no lo son.  

miércoles, 22 de junio de 2011

LAS REDES SOCIALES ¡¡¡¡UUUUUYYYYY!!!!

Hace poco alguien me preguntó porque no tengo Facebook o Twiter. Pensé unos segundos y respondí: si, si tengo Facebook y Twiter, bueno tengo cuentas de ambos, pero no los uso, esa fue la respuesta.
Claro la segunda pregunta de cajón era: ¿y porqué?, ja porque no uso esas redes sociales.
Facebook, lo estrené, me gustó, comencé a conocer gente a encontrar personas conocidas hace años, todo bien, pero de pronto mi mujer con esa curiosidad propia de las mujeres entró a ese buscador google, puso mi nombre, ella quizás pensó que su marido aparecería como candidato al premio nobel o la sumo al Martín Fierro, pero no me encontró formando parte de la red mas famosa, entonces, siempre ingenuamente curiosa, abrío el enlace y sin golpear se encontró con alguna novia de la juventud... y se pudrió todo. Conclusión NUNCA MAS Facebook.
Lo de Twiter fue peor, entré cree mi cuenta y no pude aprender a usarlo, no se como seguir a personas, me paso siempre de los 140 caracteres, si se me ocurre seguir a la presidenta, desconfío si es ella, por ejemplo, así que la segunda conclusión no lo uso porque no lo entiendo.
Que horror ya dentro de la informática soy un anciano, me manejo con el Blog y los viejos queridos mail y chat. Buuuaaaaaa  

domingo, 9 de enero de 2011

MITOS, MITOS, MITOS





En mi opinión, y perdón por escribir en primera persona, pero estoy solo frente al teclado, lo escrito por Adrián Pietryszyn, es muy revelador, aunque no me guste ese tufillo a intelectual con que nos cachetea en el escrito, más si esta publicado en un diario que tiene una línea popular.
Está bueno, dirían los opinólogos, que se aclare de una vez por toda que son los mitos.
Sin embargo, por más filósofo y epistemólogo francés que lo diga, el mito es una creación popular, que por popular es aprovechado por todo el mundo. Algunos lo aprenden, otros lo aprehenden, otros lo desprecian,  y otros lo usan de indumentaria. Ejemplos tenemos a rabiar, desde cantantes de Rock, o Gardel, y con respeto para los que creen en él: Jesús. Todos mitos que desde distintos lugares son populares.
Y los mitos son eso, una creación de la sociedad, en una sociedad “globalizada” como les gusta decir ahora, que abarca el más amplio espectro de una filosofía económica que los convierte en etiquetas de ismos, enmarcándolos en ideologías que existen por más que en los noventa se hayan esforzado por  decir que la ideología “ha muerto” igual que la historia, una afirmación nos vendió una perversidad, la otra un número considerable de libros que llenaron las bodegas de su autor.
Es por eso Adrián que creo igual que usted que TODOS PODEMOS SER Che Guevara, Gardel o Jesús con perdón de los que creen en él.
Es más si queremos exagerar la afirmación de que todos podemos ser el Che Guevara, bien podríamos decir que todos los niños que día a día mueren de hambre en el planeta son mitos o sea Che Guevaras, Gardel o Jesús, al igual que todos nosotros según la opinión de Dn. Gusdorf. Pero en realidad y es eso lo que me parece que no se dieron cuenta en el artículo es que sino nos descuidamos de los perversos poderosos que nos hacen creer que los mitos son funcionales al sistema, pronto gran parte de la humanidad seremos mitos y podremos hacer una camiseta con la fotos de CNN de un chico con la panza hinchada y lleno de moscas que ocupara todo nuestro pecho.   

Adrián Pietryszyn: Cualquiera puede ser el Che Guevara
Dice el revolucionario Vladimir Ilich Lenin en el comienzo de El Estado y la revolución que el capitalismo tiene la capacidad de convertir a los grandes revolucionarios en íconos inofensivos, canonizándolos, rodeando sus nombres de una cierta aureola de gloria para “consolar” y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria, mellando su filo revolucionario, envileciéndola.
Claro, Lenin se refería a Karl Marx y al marxismo, y la tergiversación de su pensamiento por aquellos que Lenin consideraba aliados o funcionales a la clase dominante, la burguesía.
Pero en esos breves párrafos, el revolucionario ruso develaba una estrategia de dominación del capitalismo que se repetiría a lo largo de la historia. Ni por asomo se hubiera imaginado lo que sucedería muchos años más tarde con otro revolucionario, un argentino que protagonizaría una de las revoluciones más importantes de la historia. Nos referimos a Ernesto “Che” Guevara. Si a Lenin lo irritaba lo que en ese entonces sucedía con Marx, con esa entronización que vaciaba su contenido revolucionario, no quisiéramos pensar lo que opinaría de lo que ha sucedido con el Che.
El lector atento podría sugerir que el hombre de la revolución cubana es un verdadero ícono de la lucha revolucionaria, que es miles de banderas en todo el mundo levantadas en las luchas populares. Es cierto. Pero no menos cierto es que su figura ha sido convertida en mito, y con ello –y aquí es donde queremos detenernos–, se ha rodeado de esa “aureola de gloria” que Lenin denunciaba acerca del revolucionario pensador alemán.
El procedimiento de otorgarle un carácter mítico a la figura del Che Guevara lleva a que se lo ponga en un altar y así, se lo sacraliza, se lo vacía de contenido revolucionario. Lo convierte en una figura merecedora de respeto. Desde esta perspectiva, las clases dominantes destacarían el modo en que el Che defendió sus valores e ideales, su perseverancia y liderazgo, su carácter para alcanzar objetivos, es decir, atributos que pueden tomarse como ejemplo, no para una transformación social, sino para el éxito individual, para triunfar en la vida, o mejor dicho, en el imprevisible e incierto mundo del libre mercado.
En esta línea, la mitificación del Che, produciría como principal efecto la imposibilidad de imitarlo. Es decir, Ernesto Guevara hubo y habrá uno solo, único e irrepetible. 
Aunque sea conceptualmente complejo, debemos explicar que aquí no entendemos al mito como una simple narración, relato o leyenda, sino como lo que el francés Georges Gusdorf en Mito y Metafísica llama “conciencia mítica”.  Esta es una concepción del mito no como narración sino como una estructura de existencia.
El filósofo y epistemólogo francés lo entiende como una afirmación de totalidad. El mito tiene por función hacer posible la vida. Ofrece un lugar a las sociedades humanas y les permite perdurar. Garantiza su existencia constantemente expuesta a la inseguridad, al sufrimiento y a la muerte. El mito permite constituir una envoltura protectora, en cuyo interior el hombre encuentra su lugar en el Universo.
Como dice Gusdorf, la historia nos presenta un horizonte abierto, es decir, inquietante. Pero el hombre, por instinto, busca estructuras cerradas, que sean garantía contra los acontecimientos y sus amenazas. Gracias al mito, lo insólito se convierte en habitual: ocurre siempre la misma cosa, es decir, no ocurre nada. Marchamos entonces con banderas del Che probablemente hacia ningún lado, nos vestimos como él y usamos sus remeras, nos dejamos la barba y pintamos su inalterable figura en rígidas paredes.
Pero lo más interesante del planteo de Gusdorf, es que el mito tiene una función dual. Es a la vez conservador y liberador. Por un lado, mantiene y reproduce un statu quo determinado. Esta faceta es la que utiliza el capitalismo, resignificando los símbolos e ideales revolucionarios para volverlos, como argumentaba Lenin, estériles. Como consecuencia, el efecto es la paralización, una cristalización conservadora del espíritu liberador del mito. La repetición y la estandarización son los mecanismos por los cuales el capitalismo exalta el carácter conservador y por los cuales diluye su espíritu liberador.
La novedad que ofrece la proposición de Gusdorf, a diferencia de Lenin, es ese resquicio por el cual se podría contrapesar ese efecto conservador. Lo importante, lo audaz, sería pensar a Ernesto Che Guevara en su dimensión más histórica y obstinada.
En este sentido, el mito no sólo debe ser considerado como una perpetuación de una realidad dada, también abre espacios para una inspiración liberadora, que transite un rumbo de transformación de la realidad. El mito puede ser también explosivo, imaginación y pensamiento mágico, creatividad pura. Podría ser, en definitiva, posibilidad de utopía, y con ello la búsqueda de formas de liberación, que no necesariamente se alisten en el camino de la lucha armada.
Es factible especular entonces que hubo (hay y habrá) muchos como él, muchos hombres y mujeres anónimos, muchos Che Guevaras, que por azar o fortuna no han quedado en los anaqueles de la mitología moderna, pero que supieron enfrentar a la muerte en su intento de trasformación de la sociedad capitalista. Podemos inferir, en definitiva, que es posible pensar que cualquiera de nosotros puede ser un Che Guevara.
Fuente texto: diario Tiempo Argentino, 24 de diciembre de 2010

domingo, 2 de enero de 2011

LA OTREDAD




Nunca he podido corregir, insinuar, algo a quien admiro, y es mi caso con José Pablo Feinmann, que se ha convertido en estos años un modelo de la argentina que piensa (según mi humilde entender, se pueden contar con los dedos del cuerpo).
Desde mi lugar de Arqueólogo he leído en los últimos años algunos trabajos que proponen una mirada del otro desde la Etnonoarqueología, para poder así comprender más la conducta de las sociedades no existentes. O si, como es mi caso, queremos darle una explicación desde el que "perdió" estudiar al "otro" conquistador, invasor, asesino, como quieran llamarlo.
Por eso cuando uno admira a alguien puede hacer dos cosas o subirse al ego y criticarlo buscando orificios milimétricos como larvas, o decir, si, estoy de acuerdo. En esta segunda opción se puede aportar, sabiendo que lo único que se hace es como pintar una pequeña imperfección que uno ve en la pared porque justamente la ve desde afuera.
Lo que he leído en este artículo de JPF, me remitió casi inmediatamente a los años 60, cuando los argentinos recién estaban descubriendo Brasil, como si nunca hubiera estado allí, y las clases medio(cre) argentinas se espantaban de lo racista que eran los brasileros, y justificando a los norteamericanos, porque bueno ellos eran esclavistas por naturaleza, en cambio nosotros eramos una sociedad amplia, sin prejuicios de color, ja, los pueblos originarios ni a otros llegaban, los criollitos/tolitos del norte eran peones o sirvientas en las casas de la ¿aristocrática? sociedad argentina. Ese imaginario colectivo, muy propio de la creación de mitos de nosotros los argentinos, iban acompañados de que tenemos el bife más rico y mejor del mundo (perdón Cordera) o la Av, mas ancha del mundo (claro estaba en BsAs)y así una lista que no quiero escribir porque me va a ayudar a perderme en el punto.
Los argentinos siempre odiamos al otro, construimos el país en  base a ese concepto, y hasta inventamos slogans para impedirnos ver el trasfondo de esto: azules y colorados, boca y river, Piazzolla y Troilo. Es más nos ufanabamos de lo bruto que eran los Norteamericanos, cuando enviaban una carta por correo postal ponían BsAs, Brasil, ¡que bestias, que incultos! no sabían geografía. Yo que a los del norte no los quiero ni así de poquito, pensaba porque no se habrán quedado de verdad en los depósitos del correo de Brasil todas esas cartas, capaz que de algún golpe de estado nos hubiéramos salvado.
Siempre hemos pensado los argentinos que el otro era un mal tipo, lo disfrazamos al odio de clásico, de enfrentamientos dicotómicos, pero nunca aguantamos al vecino, ni siquiera el que está cruzando la cerca de ligustro.
Estimado JPF, le pido disculpas por tanto atrevimiento de escribir sobre algo que usted escribió, pero como me dijo una vez una profesora de Antropología Social: "si con mis clases logro que uno de ustedes cambie y despierte a la apertura de mente, me siento satisfecha", y usted JPF logró eso conmigo, me abrió los ojos y me hizo recordar una época que se estaba en la calle y se escuchaban todos estos mitos, basados en su explicación de la otredad. Gracias        

José Pablo Feinmann: El argentimedio y su odio al otro


Sé que la frase –elaborada esencialmente por filósofos– la otredad del Otro ha merecido algunas bromas. Pero no hay fórmula filosófica que no las merezca si alguien se propone hacerse el gracioso a su costa. No me río ni hago bromas sobre ese concepto que he enunciado: la otredad del Otro revela una condición trágica e insoluble de la condición humana. La otredad del Otro es aquello que establece al Otro en mis antípodas, que lo privilegia como objeto central de mi odio, que puede hacer de mí muchas cosas que no desearía ser. No ser un asesino, por ejemplo. Cuando la otredad del Otro llega a su extremo intolerable para aquel que lo considera su Otro, la más frecuente solución es matarlo. El odio con que muchos hablan de eso que hoy han establecido como el Otro lleva a preguntarse a qué extremo serían capaces de llegar. Sobre todo porque el Otro del que hablan no los afecta directamente. Ya sabemos que la Argentina se ha deslizado de un Otro a Otro y a Otro: el gauchaje federal, el malón, la inmigración, el cabecita negra, la guerrilla, los piqueteros, etc. Siempre se necesita otro. Alguien en quien depositar el odio. Hoy, el Otro es el inmigrante. No sólo aquí. La furia es generalizada. El muro que levanta Bush contra los mexicanos. Los musulmanes de Sarkozy. Los “indeseados” de Berlusconi. A comienzos de la década del ‘90, ya Samuel H. Huntington decía que los nuevos problemas serían el Islam y los inmigrantes no deseados.
El argentimedio (que es el argentino de clase media, aunque no es toda la clase media porque ésta no es un bloque homogéneo, aunque prevalezcan en ella valores escasamente ligados a la insolidaridad) es alguien que suele considerarse –así lo dice– el jamón del sandwich. Bien analizada, esta condición no debiera ser indeseable, ya que sin jamón no hay sandwich, ya que el que come un sandwich lo come más por el jamón que por el pan o por ambas cosas. Pero la expresión señala una incomodidad: estar en el medio, apretado entre dos cosas que están en dos extremos diferentes: una parte del sandwich y la otra. Una arriba, otra abajo. El jamón, en el medio, pareciera ser la víctima de su situación en el mundo. No está en ninguna de las dos partes y no sabe a cuál pertenece ni a cuál adherir, aunque quisiera estar arriba. El argentimedio no quiere estar donde está. Necesita algo que le dé importancia. Que haga de él algo distinto de lo que es. Sale de esta situación por medio de Otro a quien odiar. “¡Nos vienen a robar el país!” dice el argentimedio de los bolivianos, los paraguayos y los peruanos, a los que ha bautizado con nombres despectivos. Bolitas a los bolivianos, por dar un ejemplo. “¿A usted le ocuparon algún terreno?”, se le pregunta. “No.”
–Entonces, ¿por qué le vienen a robar el país?
–¿Cómo por qué? Porque nos vienen a sacar el trabajo.
–¿A usted le sacaron algún trabajo?
–No.
–¿Qué país le vienen a robar?
–¿Cómo qué país? Este, el mío.
–¿Usted cree que este país es suyo?
–Claro, yo soy argentino.
Lejos está de advertir el favor inmenso que le hace el inmigrante al que odia. De pronto, el argentimedio es propietario. Tiene un país. Un país codiciado. Si no, no vendrían a robárselo. De pronto, es poderoso. La Argentina es suya. El, que era un rata como cualquier rata que anda por ahí, que era un empleado con un jefe que le arruinaba la vida, con una mujer o un marido o una familia a la que apenas aguanta, o que anda en un tacho desde el que arroja todo su odio sobre el mundo en general, que escucha las radios de derecha, que ve la TV vómito, ahora, súbitamente, habla en nombre de algo que le pertenece: el país. ¿Quién se lo dio? El Otro. El boliviano. El boliviano le dio la Argentina que, sin él, jamás habría tenido. Ahora es poderoso. Es un terrateniente. O habla como uno. Dice las palabras que decía Cané en los círculos oligárquicos de principios del siglo pasado:
–Nos vienen a quitar lo nuestro. Quieren entrar en nuestros salones. Los argentinos cada vez somos menos.
Cualquier argentimedio puede decir durante estos días:
–Los argentinos cada vez somos menos.
¡Qué enorme favor le ha hecho la otredad del Otro! La otredad es todo aquello que hace que el Otro sea el Otro. El Otro es negro, es feo, es sucio, es extranjero, es un invasor. El, no. El es argentino. Con el solo hecho azaroso de haber nacido aquí le alcanza. No necesita hacer nada más. Es argentino. Y el bolita le ha permitido sentir que la Argentina es suya. Tanto lo necesita que –si no existiera–, tendría que inventarlo. Sartre, en su ensayo sobre la cuestión judía, dice que si el judío no existiera, el antisemita lo inventaría. Lo mismo aquí: si el bolita no existiera, el argentimedio, el argentimedio(cre), el xenófobo, el racista, ese hombre pequeño que necesita odiar para existir, lo inventaría.
Fuente texto: diario Página 12, 26 de diciembre de 2010
Fuente imagen: blog humortesan.blogspot.com

miércoles, 29 de diciembre de 2010

FELIZ AÑO 2011






Nadie en mi tierra puede decir que el 2010 no fue un año "pesado" quizás sea porque tenía dos 0 y solo un 2 y un solo 1, ademas si uno lo ve así de pronto es uno número como gordito, imaginemos: el 2 una señora gorda con sus buenos pechos y cola, aviso que a mi gustan los gordos, despues el 0 uno de esos patovicas que vistos desde lejos son tan redondos de musculos que parecen un cero, a continuación el 1 un flaco, Spinetta por ejemplo, y después el hermano mellizo del primer 0, no me digan que no es un año pesado, incluyendo a Spinetta.
Tan pesado fue que nosotros los Argentinos cumplimos 200 años, y allí agregamos dos ceros más.
Y tan pero tan pesado fue este año 2010 que de pronto (bueno no tanto, porque según mi modesta observación esto viene desde los 60) los argentinos, los que laburamos, los que día a día nos ganamos el sueldo o las migajas, tomamos conciencia (aunque sea en principio) que somos artífices de nuestro propio destino o sea que somos populares, que nos opusimos a los HdeP y lloramos cuando los que quisieron al pueblo se fueron.
Entonces no se me ocurrió otra cosa que festejar este 2011 que viene con un calendario para que cada uno de nosotros hagamos memoria de todos los días que pasaron un año atraz, es lo que normalmente se llama MEMORIA  


domingo, 19 de diciembre de 2010

CUANDO LOS PRINCIPIOS SON INTERPRETADOS COMO RESENTIMIENTO




Imagen tomada del la página web oficial del mencionado Country

Uno de los pilares del Capitalismo Extremo que se asentó en la década de los "90" en nuestra querida Argentina, fue que nuestra Nación era la cuna de la inseguridad, y un grupo de "elegidos", como los nuevos "salvadores" del grupo ABC 1 (casi como la numeración de los campos de exterminio), cual aves rapaces mordieron cuanto terreno/propiedad con monte autóctono, topografía natural, fauna propia (o sea paisaje serrano), para sacarles provecho y destruir, alambrando, delimitando, estableciendo reglas para hacer sentir a los que ambiciosamente piensan que ocupar un lugar así los inserta en los que pertenecen. De esta manera pueden ver a los que son "comunes humanos"  a través de un filtro llamada seguridad. Ejercida por empresas ad hoc.
Es tanto el miedo que tienen por las personas comunes, (ahora son inmigrantes) trabajadoras, que los que se dedican a construir sus hogares/mansiones, entran al country por puertas diferenciadas y dejar muy claramente quienes son, por las dudas vio, no ocurra que algo falte. Me pregunto y la flora; la fauna y la degradación del suelo que se provoca en el entorno; complicaciones graves como las inundaciones, a quien se las endilgan (a Magoya, pobre).
Pero claro, todo esto debe ser controlado, y los "pertenecientes" dueños de los terrenos; de los hogares/mansiones pagan para que  les cuiden las espaldas (que en criollo es la parte misma, que termina después del huesito dulce). Entonces surgen las Empresas de Seguridad integradas por empleados frustrados con grandes cargas de violencia que asumen el rol de autoridades "truchas", muchas veces con educación cero (y no hablo de la escolar) se sienten dueños de las circunstancias, que por un pan dulce o una sidra de 4 pesos se convierten en los seres más serviles.
Imbuido en esta realidad, víctima del buen compañerismo, del afecto, me tocó pasar por uno de estos "controles" (que no voy a nombrar, pero si mostrar). Cumplí con las reglas de rigor, me estacioné frente a una cabina con ventana amplia y uno de estos "guardias" me pregunto que a donde iba, al responderle me interrogó, usted es "fulanito", el "fulanito" de él no correspondía a mi "fulanito" real, cuando le explico que mi "fulanito" no era el "fulanito" que él decía, me volvió a interrogar: ¿y usted a donde va?, dándome ahora dos opciones usted va al N° tal o al N° cual.
Disgregación: que puedo saber yo del orden del campo de concentración, perdón del country.
Pero como soy un ser medianamente inteligente (no tanto como para vivir en un country) le respondo que yo voy a la casa de uno de esos dos lugares y que sus filiaciones eran estas (no lo nombro, por seguridad, ja). Sin embargo el guardia, el Sr. que controla, no pudo entender, a pesar de tener la información de la familia a la que iba a visitar, que si bien mi apellido no era el que él había entendido, yo le estaba dando datos más que suficientes como para que uniera ideas y me permitiera pasar.
Pero no, y quizás porque detrás de mi coche, había ya otros autos probablemente de esos que le regalan pan dulce y sidra de 4 pesos. Burlándose de mi apellido REAL, y con gesto de policía municipal me planteó: o  presenta el documento o me retiraba de allí demostrando hacia atrás (donde estaban los otros vehículos) su capacidad de control. JUUUUAAAAAAAAA.
Me retiré, estacionándome en las afueras del muy cuidado country, y con mi celular en mano, bajo la lluvia (¿les dije que llovía?) hablé a mi conocido para decirle lo que pasaba en la entrada, lo que motivó que el susodicho "guardia de seguridad" burlándose nuevamente de mi apellido, que por supuesto se presta a burla y lo he sufrido desde pequeño (pero hoy ya no lo permito a los 57 años) me fui de dicho lugar totalmente humillado, intranquilo, mal tratado y con la angustia de una persona común que trata de vivir en esta comunidad. Perdiendo la visita y al lugar donde después me dirigía. Si bien horas después tomé conciencia de mi poca inteligencia, (propia de no poder vivir en un country), y que mis principios ideológicos no los puedo manejar; sin contar con mi frágil salud íntimamente relacionada con el tema de la preocupación, pido perdón y me acepto como una persona común, intolerante y  llena de limitaciones, y sobre todo incapaz de vivir en un country.
Por otro lado pueden quedarse tranquilos los del Country que a este Blog no lo lee nadie, es un suerte de Bitacora de vuelo por la vida de un fracasado.
Lamento y nuevamente pido disculpas a todos los que me aprecian pero a veces mis entrañas me dan estos disgustos, y aunque muera en el intento, siempre trato de que nuestra sociedad humana cambie un poquito, pidiendo también perdón por tanta ingenuidad, que como dice el título a veces es interpretado como resentimiento.         

viernes, 17 de diciembre de 2010